Cómo la necesidad de certezas afecta tu equilibrio emocional
Descubre por qué buscamos certezas en tiempos inciertos y cómo recuperar tu equilibrio emocional desde la terapia y la reflexión.
Por Jose Ibarz.

La extrema necesidad de certezas
La necesidad de certezas en el siglo XXI es un síntoma de la inestabilidad emocional, ya sea esta real o exagerada. Lo importante es la sensación generalizada de que se ha perdido algo bueno que en algún momento tuvimos y que, más importante aún, nunca vamos a recuperar.
Tanto es así que mucha gente vive atrapada entre el apocalipsis y la nostalgia, entre un futuro catastrófico e involucionado y un preciado pasado al que no se puede regresar. Por tanto, nos vemos abocados al presente para ser felices, y esta tesitura nos empuja al límite de nuestra estabilidad emocional.
Es más, el sufrimiento se normaliza hasta niveles patológicos. De ahí que necesitemos paliativos existenciales.
La trampa de la satisfacción instantánea
Parece una tontería, pero los paliativos emocionales son de satisfacción instantánea: drogas, likes, porno, comida calórica, apuestas, videojuegos adictivos, videos emocionales… una variedad de entretenimiento que, sin embargo, funciona de la misma manera: con el condicionamiento operante de la recompensa prometida.
Cosa que nos tiene los transmisores de dopamina fritos. Y cada vez necesitamos más. Luego los picos de ansiedad y depresión se confunden con un síndrome de abstinencia que desajusta nuestro estado emocional y comenzamos a estar apáticos e irritables. Nos convertimos en bombas de relojería. Lo único que no sabemos es si será una explosión o una implosión.
Por eso mismo, la alternativa a la satisfacción inmediata es alcanzar una plenitud existencial. Ojo, no "la felicidad" —eso es un término vacío (del que hablaré otro día)—, sino la plenitud existencial, o lo que es lo mismo: la satisfacción con uno mismo sobre la vida que lleva. Es complicado.

El pasado como refugio emocional
Después de normalizar, como ya he dicho antes, el sufrimiento existencial de nuestro presente obligatorio y sin fin, toca buscar certezas que nos den la estabilidad emocional que hemos perdido y que, por una extraña intuición, parece morar en un pasado algo difuso, pero en resumen feliz.
En realidad, esa intuición es un proceso lógico de descarte: si el futuro es ilegible y lo poco que se atisba se nos muestra como el fin del mundo, y el presente es una jungla de cebos que te electrizan el cerebro hasta el agotamiento, solo nos queda lo conocido, lo confiable, en definitiva, el pasado.
La nostalgia como refugio. "Cualquier tiempo pasado fue mejor", que dice la copla de Manrique. Pero es que a nivel emocional es así. Sobre todo por la capacidad selectiva del cerebro, que solo se queda con lo mejor.

Recordar es sano, pero vivir en el recuerdo no
Llamémosle idealización o sesgo de memoria, la verdad es que nada es más confortable que volver a los días despreocupados de la infancia o a las primeras vivencias de la adolescencia. La impresión más pura o los días largos en los que te podías aburrir son un tesoro de la memoria.
Pero, ¿podemos fiarnos de nuestro cerebro? A medias. Por un lado, podemos fiarnos del recuerdo de lo que sentíamos. En cambio, de los hechos… no tanto. Así que donde hay lagunas, el cerebro lo rellena con lo que tiene, es decir, con tus experiencias. Y va olvidando algunas cosas malas, aunque no todas. Pero como resultado global, nos quedamos con lo bueno.
Y es tanta la necesidad de refugio emocional que lo fácil es recurrir a la idealización del pasado. De hecho, existe toda una industria de la nostalgia para llevarnos de vuelta por unas horas a un festival de música millennial, películas ochenteras, salones de arcade, etc.
Aceptar el presente con integridad emocional
Sin embargo, es tan sano recordar como peligroso instalarse en el recuerdo, pues la nostalgia puede convertirse en una adicción más de nuestro presente.
La certeza del pasado es una construcción mental, un espejismo que hay que asumir como un engaño y aceptar el futuro incierto desde un presente lúcido, coherente y alineado con una integridad emocional que nos haga mantener el equilibrio.
Pero como yo mismo hago: si ese equilibrio emocional se pierde, ponerse en manos de especialistas en salud mental es siempre una buena opción.
Si te has sentido reflejado en estas palabras, si el presente te pesa y el pasado te tira, no estás solo.
Buscar ayuda no es rendirse, es el primer paso hacia tu equilibrio emocional.
En Terapia Familiar Integral te acompañamos a transformar la confusión en claridad, la nostalgia en impulso, y el sufrimiento en plenitud existencial.
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